viernes, 6 de noviembre de 2009

Sin sorpresas


Ilustración: Vaca amarilla (Franz Marc)

Escuchando: No surprises (Radiohead)



En mi memoria:

“Un corazón lleno como un vertedero,
un trabajo que mata lentamente,
contusiones que no se curan.
Te ves tan cansado e infeliz...
Derroquemos al Gobierno.
Ellos no, no hablan por nosotros.
Elijo una vida tranquila,
un apretón de manos de monóxido de carbono.
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Sin alarmas y sin sorpresas,
Silencioso silencio.”


(De la canción anterior)




Al anochecer antes, parece que uno tiene tiempo para pensar en todo.

Hace un rato lo estaba haciendo, con el ejercicio agotador que supone no alimentar la nostalgia al tiempo que no olvidas las cicatrices del tiempo. Vendrán más golpes, pero que no rocen las heridas que ya tenemos.

Mientras en la calle se empieza a notar el frío y el viento arranca las primeras hojas a fuerza de patear los árboles, estaba pensando en que la mayor parte de la vida nos transcurre poniendo la cara para recibir el golpe o escondiéndonos para que no nos vean.

No he llegado del todo a despegar del suelo con estas tonterías, cuando observo debajo mismo de mi ventana a varias personas que se pelean por los yogures caducados y la fruta podrida que los empleados del supermercado depositan en el contenedor.

La vida es un cuadro que se forja con brochazos deslavazados, pero el color carmín muchas veces no es más que nuestra propia sangre.

Somos los insensatos que pensamos que podemos elegir y, sin embargo, cumplimos al dictado todo lo que nos han ordenado.



kuko-

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Publica de una puñetera vez!!! Tú no escribes, tú pintas....
Grande, muy grande.

Un beso.

Anónimo dijo...

Bs. Jade

Ogigia dijo...

Cúanto me gusta el pintor que elegiste y cuánto tu texto

Anónimo dijo...

Me quedo con..."el ejercicio agotador que supone no alimentar la nostalgia..."

Parece que el otoño se especializa en eso, justamente en eso, en alimentar la nostalgia...

Como siempre brillante :*

Anónimo dijo...

Extraño el otoño. Tiene la capacidad de unir colores imposibles con estados de ánimo ya sabidos... y pararer que cuadran, que tienen que ser así. No siempre un color, un frío, refleja la tristeza (en este caso sí).

Un abrazo