domingo, 19 de abril de 2009

Nocturno


Ilustración: Artistas con vegetales (Max Beckmann)

Escuchando: I'm in you (Peter Frampton)





En mi memoria:

“Hoy recibí tu carta. La he leído
con asombro, pues dices que regresas,
y aún de la sorpresa no he salido
¡Hace tanto que vivo sin sorpresas!

«Que por fin vas a verme que tan larga
fue la separación». Te lo aconsejo,
no vengas, sufrirías una amarga
desilusión: me encontrarías viejo.

Y como un viejo, ahora, me he llamado
a quietud, y a excepción ¡Siempre el pasado!
De uno que otro recuerdo que en la frente

me pone alguna arruga de tristeza,
no me puedo quejar: tranquilamente
fumo mi pipa y bebo mi cerveza”.


(Evaristo Carriego)




Esta noche he escuchado pasar casi todas las horas con sus minutos. Tumbado boca arriba, con las luces apagadas, pensaba que la gravedad de no dormir depende sólo de la perspectiva con la que se afronte y yo, en ese momento, no me encontraba mal del todo: horizontal y mirando a un techo que sólo se veía en el breve instante que transcurre durante un relámpago, mientras escuchaba el golpear de las gotas de lluvia en mi ventana. También se escuchaba a veces un viento que procedía de alguna parte, sin la fuerza suficiente para limpiar de nubes el cielo. Por eso, ya sabía de la oscuridad del amanecer antes de que ocurriera.

Otras veces, en la misma situación, me he parado a inventarme historias delirantes que me causan angustia. Esta noche no ha sido así. Me venían a la cabeza aquellos días que comenzaban con el roce de un beso que no era de despedida. Ha sido peor, porque de repente me he sentido más viejo que nunca y ya me han pesado los segundos que quedaban hasta el nuevo día.

Por eso, con las primeras luces del alba, he salido a la calle con mi paraguas. He caminado sin rumbo hasta que he conseguido serenar mi miedo. He entrado en una cafetería y me he fijado en que en las vitrinas de la larga barra, los cruasanes parecían querer atacar a los bollos, y he pedido un café para ese cabrón que se veía reflejado en el espejo del fondo y que me estaba mirando mientras sonreía, después de la noche que me ha dado.



kuko

viernes, 3 de abril de 2009

Hit the road

Ilustrando, escuchando y en mi memoria:



La canción contiene un diálogo entre el propio Ray Charles y sus Raylettes, encabezadas por Marjorie Hendricks:

M.H.: Toma la carretera, Jack, y no vuelvas más. Nunca más, nunca más…

R.C.: Mujer, mujer, no me trates tan mal. Eres la peor mujer que haya visto nunca. Imagino que si tú lo dices, tendré que empaquetar mis cosas y marcharme.

M.H.: Toma la carretera, Jack, y no vuelvas más. Nunca más, nunca más…

R.C.: Escúchame mujer. No me trates así. Algún día volveré por mi propio pie.

M.H.: No me importa si lo haces, porque está claro: no tienes dinero, ya no eres bueno.


La canción parece una premonición de historias que se repiten mucho últimamente.

Pensaba que yo tenía algo más de intuición. Confieso que creía que ella no sería capaz de hacerte algo así. Menos aún de contármelo sin pestañear. Y me hubiera apostado el brazo derecho a que no sería capaz de sonreir mientras me lo decía.

Decía Gertrude Stein que “el dinero siempre está ahí, sólo cambian los bolsillos”. Volverá igual que se fue.

En cuanto a ella, te has desecho de una muy mala inversión. Que no vuelva.

Ahora empieza tu remontada, Jack.




kuko

sábado, 21 de marzo de 2009

Inevitable



Ilustración: The twist (Thomas Hart Benton)

Escuchando: Downtown train (Tom Waits)





En mi memoria:

“Hay que recuperar
el tacto de la fiebre y el color de las noches,
la antigüedad del bronce y el aroma del llanto,
el grito de las águilas y el sabor del silencio,
la timidez del aire.
Hay que recuperar
la humildad de los astros y el sonido del hambre,
los caminos sin fecha y la altivez del junco,
los muertos renacidos y el susurro del puma,
la niebla en los vitrales.
Hay que recuperar
las verdes madrugadas y la sombra del río,
las campanas más tiernas y las manos sin dueño
la semilla del agua y los pasos perdidos,
la danza de las naves.
Hay que hacer lo imposible por descubrir de nuevo
ese torpe milagro, ese absurdo prodigio,
esa hermosa miseria que llamamos la vida,
con todo su caudal de ardiente escalofrío.”

(Antonio Porpetta)



Quizás no hay nada más inútil que pensar en que se nos escapa la vida pero hay horas inevitables.

Después de tanto ensayo ya he aprendido a hacer sombras chinas con mis sentimientos. Los deformo y apenas los adivino, pero no se marchan. Se esconden y reaparecen transformados en ojeras o en mordiscos del estómago.

Me apetecería ver a alguien sonriendo, sin necesidad de realizar una actuación. Pero creo que no tengo a nadie cerca de mí acostumbrado a eso. No pedía salvación, sólo descanso. Vivir un margen breve de ese tiempo que se hace innecesario medir cuando no duele. Descansar en agua tibia como si estuviera en una enorme placenta, aislado de esas agujas.

Ahora todo son momentos que se cruzan como números. Ciencia exacta sin fallo. Matemática pura que conduce a ninguna parte. Reloj de arena en donde pesan ya más las horas que hemos vivido que las que nos restan. El tozudo mecanismo de un potro de tortura.

Nunca volverá a ser este sábado por la tarde. Serán otros. Eso también es inevitable.



kuko

domingo, 15 de marzo de 2009

Aislamiento


Ilustración: Mujer con mariposa (Juan Ripollés)

Escuchando: Wherever I lay my hat (John Paul Young)





En mi memoria:

"Por el aspecto de tus ojos
puedo decir que vas a llorar
¿Es por mí?
Si es así, ahórrate las lágrimas.
No las merezco.

Porque soy la clase de chico que
que siempre está vagando.
Mi casa está donde dejo el sombrero.
Esa es mi casa”.


(de la canción anterior)




Tengo una extraña teoría que no me atrevo a consultar con mi médico: estoy desarrollando una alergia a mi propio cuerpo.

Fruto de esa intolerancia progresiva, anoche me fui a la cama removiendo la idea de que un día me levantaré y me habrá sucedido lo que a Gregorio Samsa o algo peor. Así que no tiene nada de particular que, de madrugada, me haya despertado sudando, mientras soñaba con un vagón de metro detenido en una estación por la que los trenes iban desfilando a gran velocidad con las ruedas chirriando sobre los railes. Alrededor de mí, unas personas sin ojos ni boca, hacían un ruido tenue golpeando con los pies en el suelo.

Aterrorizado, me he despertado, y me he dado cuenta de que todo estaba igual que antes de dormirme pero, lejos de tranquilizarme, me he inquietado más. He encendido la luz, he bebido algo de agua y he dado muchas vueltas antes de volver a conciliar el sueño.

Es una tontería pero, desde que no estoy contigo, a veces se me hace terrible pensar en las pocas personas que llorarían de verdad mi propia muerte, aunque para viajar en soledad haya que pagar estos peajes.



kuko

sábado, 7 de marzo de 2009

Balances


Ilustración: La Concha, nocturno (Darío de Regoyos)

Escuchando: Everyday now (Texas)





En mi memoria:

"Y tú quieres oír, tú quieres entender.
Y yo te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes.
Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni para los iniciados.
Es para la niña que nadie saca a bailar,
es para los hermanos que afrontan la borrachera
y a quienes desdeñan los que se creen santos, profetas o poderosos."


(Jorge Teillier)



Te acabas de despertar y olvidas que ya llevo varias horas tristes en este mundo. No puedes intuir siquiera que tengo un mal día porque ni has querido ni has tenido tiempo de medirme.

En los días como hoy, en que cualquier caricia se vuelve arañazo, no es conveniente sacar la balanza del afecto. Sabes que no creo en el peso de lo intangible: el cariño no tiene masa.

Pero hoy no valían experiencias previas. Así que, después de enumerar banalidades, me dices que me quieres más que yo a ti y lo dices con aire triste, no porque te oprima la víscera, sino porque piensas que es así como se dicen estas cosas, con aire trágico.

Y yo callo y no te contesto porque sé que eso te hará más daño que si asintiera. Bastante he tenido con tragar con eso, porque después de tu primera frase ya no merecías que escuchase el resto.

He sentido que necesitabas desahogarte y me he prestado. A cambio, he obtenido otro motivo para odiarme en este día. Un detalle que no colocarás en tu extraña balanza, porque tú serás incapaz de verlo y yo de decirte que lo peses, ya que tampoco creo en la masa del desafecto.



kuko

viernes, 20 de febrero de 2009

Pasado


Ilustración: And Bells on Her Toes (Andrew Wyeth)

Escuchando: Closer (Joshua Radin)





En mi memoria:


"Soñé la muerte y era muy sencillo;
una hebra de seda me envolvía,
y a cada beso tuyo,
con una vuelta menos me ceñía
y cada beso tuyo
era un día;
y el tiempo que mediaba entre dos besos
una noche. La muerte era muy sencilla.
Y poco a poco fue desenvolviéndose
la hebra fatal. Ya no la retenía
sino por solo un cabo entre los dedos...
Cuando de pronto te pusiste fría
y ya no me besaste...
y solté el cabo, y se me fue la vida. "


(Leopoldo Lugones)



Seguía sin mirarme a los ojos. Hablaba atropelladamente, como quien desea sólo que su muerte sea rápida.

- En ese momento pensé que me convenía más estar con él. Con él tendría la vida resuelta. En cambio, lo tuyo era un viaje a lo desconocido que entonces me aterraba.

Y seguía hablando, mirando su vaso, mientras yo la miraba sin articular palabra.

- Pienso que te debía una explicación... No sabes cuánto me dolió dejarte justo en ese momento y ver reflejado en tu cara que no comprendías lo que estaba pasando.

Pensaba que a alguien podría parecer cierto, incluso triste, todo lo que me estaba diciendo.

- Creo que decirte todo esto me servirá para encontrarme mejor, para quitarme un peso de encima que tengo desde hace años.

Me empezaba a doler el estómago como si me hubiera tragado un erizo salido de un volcán.

- O sea, que lo haces por ti - le dije, consciente de que le dolería que descubriese el engaño.

- Y también por ti...

Siguió un largo silencio. El erizo del estómago se movía, sin encontrar acomodo.

- Es tarde. Me voy ya a casa - le dije, no esperando respuesta.

- Espero que no te haya sentado mal lo que te he dicho.

¿Quería saber la verdad? Pues, adelante, dejaría salir al erizo...

- No, me confirma lo que pensé en su día. Que eres una hija de puta.

Conseguí por fin que mirase mis ojos, aunque sólo fuera un instante. Se levantó, cogió su abrigo y se fue. Al salir, casi tropieza con una silla.

Lo curioso es que ya no me dolía el estómago. Hasta me sentía en condiciones de terminarme el whisky que había pedido antes de que el hielo desapareciera del vaso como ella de su silla.




kuko

viernes, 6 de febrero de 2009

Hielo


Ilustración: La lectura (Fernand Léger)


Escuchando: Nothingman (Pearl Jam)





En mi memoria:

“A veces me figuro que estoy enamorado,
y es dulce, y es extraño,
aunque, visto por fuera, es estúpido, absurdo.

Las canciones de moda me parecen bonitas,
y me siento tan solo
que por las noches bebo más que de costumbre.

Me ha enamorado Adela, me ha enamorado Marta,
y, alternativamente, Susanita y Carmen,
y, alternativamente, soy feliz y lloro.

No soy muy inteligente, como se comprende,
pero me complace saberme uno de tantos
y en ser vulgarcillo hallo cierto descanso.”


(Gabriel Celaya)




Cerca del estanque hay un banco en el que te sientas entre dos árboles y una nube sin que el aire frío pueda tocarte. A lo lejos se escucha el monótono sonido del agua contra la piedra y, alguna vez, el ridículo canto de un pájaro de esos negros con el pico naranja, de los que nunca recuerdo el nombre.

Sentado allí, con mis gafas de sol puestas para no mostrar mis miserias, he comprendido que se van los días y ya no vuelven. El pasado ya no existe y el presente, más allá de este letargo, es un copo de nieve que hace rato que está cayendo.

De repente, me doy cuenta de que ya ha anochecido y me levanto para regresar a casa.

Por el camino, y pese a mi voluntad, recuerdo que una vez estuve realmente vivo más allá del banco del parque. Por tener, tenía hasta la ternura de unos brazos que rodeaban mi cuello, mientras me mecía el mismo tiempo que hoy me atormenta.

Ahora no hay desamor ni ira para escuchar, pero tampoco risas.

Sólo hay hielo.





kuko

domingo, 25 de enero de 2009

Viento


Ilustración: La novia del viento (Max Ernst)

Escuchando: Aunque tú no lo sepas (Enrique Urquijo y Los Secretos)






En mi memoria:

"Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda."


(El viento y el alma- Luis Cernuda)



Calmó el viento y sus secuelas han dejado la calle como un escritorio desordenado.

Anoche, mientras daba vueltas en la cama, pensé que hoy me llamarías y así ha sido: has marcado mi teléfono porque estás como yo, como el tiempo, como este invierno eterno.

Y, aunque no sepa explicártelo, decirte que sí es la idea que descarté hace ya unas horas. Has recibido mi respuesta como siempre. Ni un reproche. Ni una pregunta. Creo que ya sabías mi contestación incluso antes de descolgarte el teléfono.

Piensas, está claro, que ya te he borrado de mi vida para siempre.
Por eso no puedo decirte que tú eres la única persona de quien me acuerdo en las noches como hoy, con tanto viento.



kuko

miércoles, 21 de enero de 2009

En penumbra


Ilustración: Improvisación 28 (segunda versión) (Vassily Kandinsky)

Escuchando: Wake up this morning (Alabama 3)






En mi memoria:


“Te levantaste ésta mañana
Tenías una pistola
Mamá siempre había dicho
Que tú eras el elegido
Dijo: “Eres uno entre un millón.
Tienes que arder para brillar.
Pero naciste bajo un mal signo,
con una luna azul en tus ojos”.

(De la canción anterior)


Empezaba a impacientarme en aquel siniestro lugar en el que se escuchaba el tic-tac de un reloj que no alcanzaba a encontrar con la mirada. Ya hacía más de veinte minutos que estaba allí esperando y me había cansado de mirar las típicas fotografías de los delincuentes clavadas en corcho que adornan estas oficinas.

A lo lejos, se oían unos gritos que venían de abajo, de los calabozos. Gritos y golpes, golpes y ruidos, ruidos y quejidos... y luego silencios que se interrumpían solo con el sonido de aquel reloj. ¡Maldita sea!. ¡Sonaba tan cerca que tenía que verlo necesariamente!

De repente, el ruido se acerca, la puerta se abre y atropelladamente entra en la oficina escoltado por dos policías a los que no conozco, con las manos en la espalda y la mirada perdida. Su camiseta está llena de sangre, que avanza a sus pantalones e impregna unas zapatillas a las que previamente se han quitado los cordones...

Le vamos a tomar declaración, me dicen. Cuando hemos llegado estaba allí, junto al cadáver, mirándole sin decir nada. El muerto era un abogado, parece un ajuste de cuentas...

Y entonces advierto que, con la luz encendida no había reparado en que el reloj era perfectamente visible. Son las cinco y cuarto y yo no debería estar allí. Tampoco él, porque no ha hecho nada. Efectivamente, era un ajuste de cuentas y ahora empiezo a saberlo mejor que nadie.




kuko

domingo, 21 de diciembre de 2008

Navidad


Ilustración: Árbol de Navidad del Rockefeller Center (N.Y.)

Escuchando: Merry Christmas -The war is over (John Lennon)




En mi memoria:

“Por el cinco de enero,
cada enero ponía

mi calzado cabrero

a la ventana fría.
Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,

siempre penas y cabras.
Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería

que fuera el mundo entero

una juguetería.
Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
Ningún rey coronado

tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.
Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto,
hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.
Por el cinco de enero,
de la majada mía

mi calzado cabrero

a la escarcha salía.
Y hacia el seis,
mis miradas
hallaban
en sus puertas

mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas. “


(Las abarcas desiertas. Miguel Hernández)


Hay muchas Navidades desde la del Rockefeller Center a la de las abarcas desiertas.
Yo os deseo la mejor a todos.


kuko

domingo, 14 de diciembre de 2008

Recuerdos


Ilustración: Retrato de joven desnuda (Viktor Alexandrovich Lyapkalo)

Escuchando: I´m yours (Jason Mraz)




En mi memoria:

“Yo he visto su cara en otra parte le dije
cuando entró en el Café Berlioz.
Soy de otra dimensión contestó sonriendo
y avanzó hacia el fondo del salón
.
Ella finge escribir en su mesa de mármol
pero me observa de reojo.
Desde mi mesa veo su cuello desnudo
.
Como un aerolito cruzó mi mente

el rostro de Muriel mi amante muerta.
Usted es zurda le dije acercándome.
Hacemos la pareja perfecta.
Tomé su lápiz y escribí «te amo»
con mi mano derecha en la servilleta.
Rey del lugar común respondió sin mirarme
mientras le echaba azúcar al té “.


(Óscar Hahn – Fragmento de “Una noche en el Café Berlioz “)




Era importante porque se sentaba en un banco de la plaza a vender recuerdos y la gente los compraba con la esperanza de poder tener algún día aunque fuera uno propio.

Se sentaban frente a él en una mesa y le preguntaban: “¿Tienes algún recuerdo bueno para mí?”. Y él se les quedaba absorto mirando, luego dirigía su mirada a su cielo que estaba siempre limpio de nubes, como algunos días de gran viento.

Sin tardar, les conseguía esa parte de su vida que les faltaba, que alguien o algo les arrancó en su día. Era así como de repente volvieran los colores y la calle se llenaba otra vez de niños jugando.

Un día, el vendedor de recuerdos dejó de aparecer por la plaza del mismo modo que otro día más o menos lejano había llegado, aunque nadie recordaba tampoco cuando había sido.

Daba igual, porque en muy poco tiempo se disiparía su recuerdo pues nadie le sustituiría en aquel banco del parque.


kuko

domingo, 30 de noviembre de 2008

Somos tiempo


Ilustración: Autumn leaves (Georgia O´Keeffe)

Escuchando: Orange sky (Alexi Murdoch)




En mi memoria:

“Sentados frente al fuego que envejece
miro su rostro sin decir palabra.
Miro el jarro de greda donde aún queda vino,

miro nuestras sombras movidas por las llamas.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos,
a pesar de su rostro frente al fuego,
y de nuestras sombras movidas por las llamas.
Quizás si yo pudiera encontrar una palabra.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos:
aún cae una gotera, brilla el cerezo tras la lluvia.
Pero nuestras sombras movidas por las llamas
viven más que nosotros.


Sí, ésta es la misma estación que descubrimos juntos.

—Yo llenaba esas manos de cerezas,
esas
manos llenaban mi vaso de vino—.
Ella mira el fuego que envejece.”


(Jorge Teillier)





Hablas del mañana. De que saldrá el sol, de que no se verá una nube y de que, poco a poco, se disipará este frío.

Sabes bien que algo me ocurre, y me hablas del tiempo porque preferirías sacarme de ese estado para que no se apodere de mí el pesimismo. Te aterras viéndome asustado. En estos días surgen los cánceres imaginarios y otros monstruos que nos corroen cada vez menos.

Y no sabes que en los días así, todo -hasta el mismo tiempo- me conduce a este sitio del que debo salir sin ayuda.

Nos conformamos con intentar ser felices soñando con este final simétrico. Tienes razón: mañana, puede que pasado, será un buen día. Sí, la experiencia nos dice eso.

Mientras tanto, al igual que se desnudan los árboles, debemos desprendernos de viejas hojas. Por eso me preocupa intentar que la sonrisa no nos pese. Por eso ensayo a diario la mueca, para no perder la costumbre.

No espero que me entiendas, pero necesito contártelo.

Querías saber por qué estaba tan frío como esta tarde. Creo que la respuesta es que todos somos tiempo.



kuko

domingo, 16 de noviembre de 2008

Noviembre


Ilustración: La jugadora de ajedrez (James Cathcart)

Escuchando: I love the rain (Lenny Kravitz)




En mi memoria:

"Un puerto es morada agradable para un alma fatigada de las luchas de la vida. La amplitud del cielo, la arquitectura móvil de las nubes, el colorido cambiante del mar, el centelleo de los faros, son un prisma adecuado y sorprendente para distraer los ojos sin agotarlos jamás. Las formas esbeltas de los navíos de aparejo complicado, a los que la marejada imprime oscilaciones armoniosas, sirven para conservar en el alma el gusto del ritmo y de la belleza. Y además, sobre todo, hay una suerte de placer misterioso y aristocrático para el que ya no tiene curiosidad ni ambición, en admirar, tumbado en la azotea o apoyado de codos en el muelle, todos los movimientos de los que se van y de los que regresan, de los que poseen aún fuerza para querer, deseo de viajar o de enriquecerse. "

(Charles Baudelaire)



Dicen que noviembre es un mes de eso: de contactos con el más allá, si existe, y de melancolía encendida, que es la más apagada de todas.

Para mí es tiempo de pasear por los parques y pisar las hojas secas. Es tiempo de contraste de colores y de lanzar la pelota al perro pensando en él para que él, pensando a su vez en ti, te la devuelva. Es tiempo de aves que han decidido quedarse a pasar el invierno,para demostrarnos que ellas son libres de elegir. De todo eso y de leer, de escuchar música; tiempo de pensar en lo que somos y en lo que queremos ser.

Es, en definitiva, el momento de tomar un café asomado a mi ventana. A esa con vistas al parque donde suceden las cosas que son realmente importantes. Como en el puerto de Baudelaire.

Noviembre no es un mes triste, ni mucho menos.

¡A veces hasta llueve y todo!




kuko

sábado, 8 de noviembre de 2008

Niebla


Ilustración: Adan y Eva (Tamara de Lempicka)

Escuchando: When she believes (Ben Harper)





En mi memoria:

“De tanto amarte y tanto no quererte
te has cansado de mí y de mis locuras
y le has prendido fuego a nuestra historia.
Tu ropa no perfuma ya la casa.
No queda una palabra de cariño
suspendida en el aire, ni una hebra
de azabache en la almohada. Sólo flores
secas entre las páginas del libro
de nuestro amor, y cálices de angustia,
y un delirio de sombras en la calle.”

(Luis Alberto de Cuenca)




Al salir de aquel teatro nos dimos de bruces con una noche fría y húmeda de las que calan los huesos de los seres que todavía sois vertebrados.

Recuerdo que te llevaba cogida de la mano porque tenía miedo a perderte en la densa niebla. En realidad, era una niebla tan espesa que me inundaron miedos que creía alejados de mí para siempre.

- Me aterra pensar que apenas vemos donde pisamos – me dijiste con voz temblorosa.

- En días como hoy es fácil pisar una cagada de hombre-lobo – te contesté, haciéndote sentir la falsa firmeza de mi mano.

Y fue entonces cuando volví a ver la Magia. En unos segundos, habías despejado la densa bruma con tu risa y pude comprobar que la Luna nos había hecho capaces de hacer sombra.


kuko

jueves, 30 de octubre de 2008

Calma


Ilustración: La ventana del pintor (Juan Gris)

Escuchando: In the deep (Bird York)



En mi memoria:

“Ahora el hielo aprisiona nuestro río, con su blancura cubre la nieve nuestra isla, y junto a la lumbre invernal Joan y Darby dormitan y sueñan. Sin embargo, en el sueño, fluye el río y la barca del amor aún se desliza...Escucha el sonido del remo al cortar sus aguas. Y en las tardes de invierno cuando la fantasía sueña en el crepitar de la chimenea, en sus oídos de viejos enamorados el río de su amor canta en los juncos. Oh amor mío, ama el pasado, pues en algún día fuimos felices y algún día nos amamos. "

(Algún día nos amamos - Robert Louis Stevenson)




Está bien. Tal vez. Puede -y digo sólo que puede- que, a lo mejor, me deje llevar.

Es posible, no podría asegurarlo, que cambiemos lejanía por proximidad, asperezas por ternura, sombra por luz.

No sé si seré capaz, pero intentaré morir para ser resucitado, para que tú me resucites.

Dale sentido a estas palabras, hazme creer que escucharás mi tenue voz ahogada en la tierra en medio de esta tormenta.

Hazlo, aunque ya no importe. Hazlo, porque pasó el tiempo de decidir que hay que tomar decisiones.

Haz tú esa parte y yo haré la mía.

Esperaré aguardando el momento de dejarme ir por ese camino estrecho. Y ya no me pregunto siquiera por lo que pasará si al final alzo la voz para confesarte un propósito que te resulte extraño por indecente.

Porque temo que eso pase, e ignoro si al final cambiará algo o si me será útil haberlo soñado todo con la nitidez que tiene un día de sol que emerge tras la lluvia.



kuko

domingo, 5 de octubre de 2008

Apariencias


Ilustración: Hombre en la taberna (Rafael Barradas)

Escuchando: Ilusión (Julieta Venegas y Marisa Monte)





En mi memoria:

“Una vez yo tuve una ilusión
y no supe qué hacer
con ella.
Y ella se fue…

¿Por qué la dejé?
¿Por qué la dejë?
No sé.
Solo sé que se me fue.

Mi corazón, desde entonces,
la llora a diario
en la puerta…”

(De la canción anterior)





Sabía ponerse triste tan bien que hasta engañaba a su propio perro.

Se sentaba en el sofá e inclinaba la cabeza así, hacia a un lado, sin cerrar los ojos, como mirando a un punto fijo del horizonte.

Su perro se acercaba y le lamía una mano, gimoteando.

La escena me resultaba fascinante siempre. Nunca ví un perro tan enamorado.

- “Podrías engañar a cualquiera con eso”

- “También a ti, si no te lo hubiera dicho”

Pero lo único cierto es que la tristeza se había instalado en esa habítación y que los engañados éramos todos menos el perro.




kuko

jueves, 2 de octubre de 2008

Tofu



Ilustración: Thirteen laughing at each other – fragmento (Juan Muñoz)

Escuchando: I would anything for love (Meat Loaf)





En mi memoria:

“En la apariencia de los inicios otoñales todo parece igual, pero todo ha cambiado. Por la noche los cielos son más profundos, de un azul más profundo, como si los hubieran deshollinado. Las noches se enfrían y el aire se vuelve fino. El cambio se nota sobre todo cuando un buen día siente uno que se ha resfriado. Los resfriados de otoño son desagradables, porque es difícil saber su causa. Se siente uno resfriado y descubre entonces que ha llegado la hora de cerrar las puertas, de encender algo de fuego, de buscar un rincón amable, recogido.”

(Equinoccio de otoño – Josep Pla)




Después de recibirme con un beso sucio, me invitaste a pasar a tu salón, donde el primer plato ya se encontraba servido aunque yo llegué diez minutos antes de la hora prevista.

- “¿Qué co….. , digooooo, qué es esto?”

- “Nituke de cebolla y zanahorias con tofu”

Hubiera podido, fácilmente, subir el tono de la conversación diciéndole que me asqueaba el tofu, pero me contuve pensando en aquel beso. Estaba ahí, tan reciente…

Mi ansiedad fue en aumento cuando contemplé que en el centro de la mesa, a modo de gran florero, yacía un enorme cuenco con una ensalada.

Tome una nota mental: “Nunca, nunca volver a quedar con una vegetariana en su casa”.

“Aunque bese sucio” – añadí- y me prometí pasar esa nota a un post-it y colocarla en un sitio muy visible.

Y ahora la estoy viendo ahí, encima de la pantalla, amenazando con caerse como si fuera un mito.




kuko

jueves, 11 de septiembre de 2008

Preguntas


Ilustración: El taller (Guillermo Pérez Villalta)

Escuchando: Black Velvet (Alannah Myles)



En mi memoria:


“Una desapacible noche de noviembre contemplé es final de mis esfuerzos. Con una ansiedad rayana en la agonía, coloqué a mi alrededor los instrumentos que me iban a permitir infundir un hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la madrugada; la lluvia golpeaba las ventanas sombríamente, y la vela casi se había consumido, cuando, a la mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento compulsivo sacudió su cuerpo.”

(Frankenstein o el moderno Prometeo - Mary Shelley)



Después de muchos años habíamos vuelto a compartir la misma cama. No me sentía orgulloso de ello, de hecho no podía dormirme pensando que acababa de cometer un grave error.

Por lo visto, ella tampoco podía conciliar el sueño. Me preguntó si dormía, y tuve que reconocer que no.

Fue entonces cuando comenzó a preguntarme atropelladamente si creía que podría hacerle sentir que no importaba lo que sucediera mañana, si la convencería de que no hay pecado, si le daría las coordenadas de aquel cruce en el que equivocó su camino, si le haría digna de respeto, aunque fuera de su propìo respeto, si conseguiría hacerla reir como si nunca le hubieran rasgado, si grabaría a fuego en su piel una marca que le recordara que ya habíamos cumplido condena… Yo apenas comprendía lo que me estaba preguntando. Ni siquiera entendía por qué me lo preguntaba a mí.

Al final, casi sollozando, me pidió que la abrazara y le repitiera al oído que nadie podría hacernos daño.

Y la abracé y se lo dije al menos tres veces como quien pide un deseo al apagar las velas de una tarta de cumpleaños.

Al poco tiempo escuché como suspiraba profundamente. Sin duda, ella sí había conseguido dormirse.



kuko

viernes, 22 de agosto de 2008

Recuerdos


Ilustración: Jóvenes y un pescador (Alfonso Ponce de León)

Escuchando: On saturday afternoons in 1963 (Rickie Lee Jones)



En mi memoria:
“En la vida has ido conociendo algunas cosas pero has fallado en lo esencial, es decir, has fracasado. Esa idea te deprime y entonces es cuando buscas apresuradamente un remedio para poder arrastrar con dignidad el futuro. Ahora no tendré a nadie a mano cuando me asalte el miedo.”

(Mujer de rojo sobre fondo gris - Miguel Delibes)




Durante estos días, y sin propósito previo, me vi paseando por la calle que me acogió en mi primer año de Universidad.

Aunque parezca mentira, casi todo estaba en su sitio. Desde el bar donde nos desintoxicábamos del estudio hasta los billares en donde nos jugábamos la merienda en los futbolines contra algún incauto pasajero del buque con destino a Orán.

Para mí era entonces una ciudad que pasaba de ser tíbia y húmeda a seca y fría en sólo un minuto. Ahora ya no le guardo tanto rencor.

Me recuerdo con los pesados libros casi siempre bajo el brazo, y los dedos doloridos de tomar apuntes. Ahora recreo aquellas fechas como un larguísimo otoño, y me viene a la mente el olor de los mejillones al vapor recién traídos de la lonja y aquella cerveza tan fría.

Han pasado ya muchos años, muchos. Seguramente no soy como entonces pensaba que sería. Lo digo con la misma certeza con la que adivino que, si algún día llego a jubilarme, las cosas no serán como imagino ahora.

Pero, al fin y al cabo, el viaje no está siendo malo. Tocaremos madera.




kuko

lunes, 28 de julio de 2008

Un doblón de oro


Ilustración: Pájaros rojos (Max Ernst)

Escuchando: Have a little faith in me (John Hiatt)




En mi memoria:

“En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente,
tus olas van, como mis pensamientos,
y vienen, van y vienen,
besándose, apartándose,
en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late y no lo siente...
¡Qué plenitud de soledad, mar sólo!”

(Juan Ramón Jiménez)




Pronto estas noches de estío cambiarán su agitación por el lento devenir de las fases de la Luna. Mientras tanto, aquí en la Tierra, todas las vías del tren se convertirán en pentagramas.

En lo que a mí se refiere, quedarán lejos los papeles desordenados de mi mesa y el grillo del teléfono, que decía Valle Inclán. Tanta gloria lleven como descanso dejan. Amen.

En lo que dura un parpadeo, este mundo lineal y homogéneo se transformará en otro con claros protagonistas: la arena y el mar, que serán mis necesitados besos que llegan desde lejos.

Sigo sin perder la esperanza de encontrar un doblón de oro procedente de un naufragio. Son varios decenios persiguiendo uno, ¿quién dice que éste no va a ser mi año?


kuko